Como migas de pan amarillas
nuestros recuerdos guardamos
en una cajita de fosforos
para cuando vendràn tiempos malos.
Cuando viejos quedados sin hijos
nadie se ocuparà de nosotros
y estaremos contando sin voz
una vida que a nadie interesa
abriremos entonces la caja
para que los recuerdos librados
vuelen altos pegados a los muros
con las alas de una carcoma.
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